Cómo funciona: de un WhatsApp a un pedido en el ERP
En menos de dos minutos: un pedido que llega por WhatsApp, correo o teléfono se convierte en un pedido con los códigos de tu catálogo dentro de tu ERP, sin que el cliente cambie nada de lo que hace hoy. Niebla presta este servicio en remoto para empresas de distribución de toda España — alimentación, farmacia, recambios o cualquier catálogo con referencias.
- Los nombres de clientes y de productos que se ven son ficticios. La bandeja reproduce la del producto en funcionamiento.
- La cifra de tiempo con la que abre la demostración es una estimación del trabajo que ahorra, no la medición de una instalación concreta.
- La demostración lleva voz en off: hace falta sonido para seguirla. Dura 1 min 57 s y no pide ningún dato.
Paso a paso
Lo que ocurre entre el mensaje y el ERP
La demostración lo enseña en dos minutos. Aquí está el detalle de cada paso, incluido el orden real en el que el sistema busca el código de cada línea.
El pedido entra por donde ya entraba
No hay que pedirle al cliente que instale una app ni que rellene un formulario: el pedido se recoge en los canales que ya usa. Por WhatsApp, tanto si escribe como si manda una nota de voz o la foto de una lista escrita a mano. Por correo, con sus adjuntos. Y por teléfono, donde un asistente de voz toma el pedido hablando.
Se convierte en líneas, no en texto
Siete segundos de audio, una foto o un párrafo con faltas se transforman en líneas con cuatro datos cada una: producto, cantidad, unidad y fecha de entrega. A partir de ese momento el pedido ya es un dato estructurado que se puede validar y volcar, no un mensaje que alguien tiene que leer.
Se identifica al cliente y se abre su histórico
El número que escribe o el remitente del correo resuelven quién es el cliente, y con el cliente se carga lo que ese cliente pide habitualmente. El histórico no es un adorno: es la pieza que permite desambiguar, porque «lo de siempre» significa una cosa distinta para cada cliente.
Se busca el código, y la IA es el último recurso
La resolución va en cascada y de lo más seguro a lo menos seguro: primero los alias que ya se aprendieron de ese cliente, después la coincidencia exacta en su histórico, luego la coincidencia exacta en el catálogo, después la aproximada en el histórico, después la aproximada en el catálogo, y solo si nada de eso ha resuelto la línea decide el modelo de lenguaje. Es decir: la mayoría de las líneas las resuelve una búsqueda determinista y comprobable, y la IA entra al final, para los casos que de verdad son ambiguos.
Si hay duda, pregunta — no adivina
Cuando una línea admite más de un código, el sistema no elige por su cuenta: le manda al cliente las opciones y el cliente toca una. Un cliente que ha comprado tomate pera y tomate rama recibe dos botones en lugar de un pedido mal servido.
Y la elección se queda aprendida
La respuesta del cliente se guarda como un alias suyo, así que la siguiente vez que ese cliente pida tomate ya no se le pregunta. El sistema deja de preguntar por lo que ya ha preguntado una vez, que es lo que hace que el trabajo de supervisión baje con las semanas en lugar de mantenerse constante.
La bandeja se parte en dos carriles
Todos los pedidos del día caen en una bandeja dividida en dos: en «Atención» los que llevan algo que la IA no ha dado por seguro, y en «Por confirmar» los que están completos y no hay nada que tocar. La persona que supervisa trabaja solo el primer carril, que es el que necesita una decisión humana.
Al ERP, con los códigos de la empresa
Los pedidos confirmados se vuelcan en bloque contra el ERP: en sus tablas y con sus códigos de artículo y de cliente. Nadie tiene que abrir otro programa ni copiar nada a mano, y el pedido queda donde ya está el resto de la gestión.
Transcripción
Todo lo que dice la demostración, en texto
Las doce intervenciones de la voz en off, literales y con su marca de tiempo. Para leerla sin sonido, o para buscar un momento concreto.
- 0:00
Casi cuatro horas al día tecleando pedidos a mano. Y aun así se cuela alguna errata.
- 0:06
Niebla los recoge por donde ya llegan. WhatsApp: texto, notas de voz y fotos de listas a mano. Email: el correo de pedidos con sus adjuntos. Y teléfono: un asistente de voz toma el pedido hablando.
- 0:22
Lo primero es entenderlo. Siete segundos de audio pasan a producto, cantidad, unidad y fecha.
- 0:29
Y sabe con quién habla. Busca el número en la base de datos, identifica al cliente y saca su histórico. Este ha pedido tomate pera y tomate rama, así que en vez de adivinar pregunta. Dos botones y el cliente elige.
- 0:43
Y esa elección se queda aprendida. La próxima vez que ese cliente pida tomate, ya no se le pregunta.
- 0:51
Y no es uno: son cientos al día. Da igual el sector: fruta, carne, congelados o pescado.
- 0:59
Todo cae en una bandeja partida en dos carriles. A un lado, los que necesitan corrección. Al otro, los que están perfectos y solo hay que enviar.
- 1:10
Carril uno: Atención. Aquí está lo que la IA no ha dado por seguro. Este solomillo es ambiguo: hay de cerdo, de ternera y de ibérico. Se elige y queda resuelto.
- 1:21
Carril dos: Por confirmar. Nada que tocar. Se envían al ERP de una vez: doscientos quince pedidos, un botón.
- 1:30
Entran en el ERP de la empresa, en sus tablas y con sus códigos. Sin cambiar de programa.
- 1:37
En resumen: se ahorra tiempo, funciona a cualquier hora, la persona valida en un clic, y queda todo medido, del pedido a la ruta de reparto.
- 1:47
Y sus clientes no cambian nada: siguen pidiendo como hoy. Lo que cambia es que ya nadie los teclea. Hablemos.
Y en tu empresa, ¿con qué se conecta?
Contra tu catálogo y contra tu ERP, sea el nuestro o el que ya tengas. El servicio se presta en remoto, así que funciona en toda España, y la puesta en marcha va contra tus datos reales: sin tu catálogo y tu histórico de clientes no hay nada que resolver.
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